.......................... o yo quiero ser Sherezade.
Permitidme que os cuente un cuento. Un cuento donde la protagonista soy yo y espero que pronto lo seas tú.
Hace unos dias tuve la inmensa suerte de poder acudir al Hamman-Spa Rituels d'Orient, en Barcelona. Desde fuera se observa una pequeña tiendecita de inspiración árabe y cálidamente iluminada.
Una
vez dentro, sus envases, jabones, inciensos están
bellamente expuestos. Al fondo detrás del mostrador se deja entrever una
gran cortina. Cuando la ves no puedes evitar preguntarte inmediatamente qué tesoros se
esconden tras de ella.
Cuando
la franqueas, un suave aroma a eucalipto te envuelve y accedes a un
pequeño vestuario, cálido, íntimo y mimado. Allí una vez
cambiada te enrollas en un pareo y te envuelves en un suave albornoz para salir
y bajar a unas escaleras que esta vez sí, te conducen al placer: El Hamman.
Antes
de entrar al Hamman te dan una serie de indicaciones, de
las cuales la más importante es: déjate llevar y haz lo que
te pida el cuerpo. Y una vez pasa la puerta, eso es lo que empiezas a
hacer.
Una
ducha, una pequeña piscina y unos cómodos bancos de piedra componen la Sala Templada (A 37ºC y 80% de humedad) La luz
indirecta, el calor, y el sonido del fluir del agua de un pequeño grifo que
alimenta la piscina, rápidamente te transportan a un
estado de relajación y bienestar perfectos.
Al
fondo la Sala Caliente (de 46 ºC, 100% de humedad)
limpia tu cuerpo de toxinas, mientras que en los Bancos de mármol
la especialista te lava con jabón negro, hecho a base de olivas negras y
eucalipto, y te exfolia el cuerpo con un guante de kessa. La sensación es fantástica, es como si te sacaran con ello todos los "malos
rollos", las preocupaciones, los problemas...
Y
cuando piensas que ya está, que ya ha acabado el placer, te devuelven a
la primera planta, a una cabina
donde te tumbas ya casi totalmente relajada. Ahí, entre aceites (en mi caso de
azahar) te masajean todo el cuerpo, con un masaje relajante
que además te deja la piel superhidratada.
Finalmente
te conducen a una sala
de descanso, llena de sofás y cojines de colores, con luces
tenues e íntimas, donde te ofrecen un buenísimo té árabe de menta y
una pastita típica de miel, almendras y sésamo.
Sólo tiene una pega: tarde
o temprano vuelves a la realidad, y
una vez fuera en la gran ciudad te das cuenta de una cosa: Yo de mayor
quiero ser Sherezade.
No
hace falta que os diga que yo he salido encantada del lugar y con ganas de
repetir muchas veces más. El sitio es hermoso y los que allí trabajan te tratan
de lujo. Te sientes realmente como una princesa de castillo árabe en medio de
un oasis. No hay sensación de tiempo ya que nada te orienta, ni relojes, ni
ventanas,.... Es más que un Spa. Tal vez no tenga piscinas de chorros
ni duchas de colores, pero tiene algo mucho mejor para mí: intimidad. Solo está
permitido que haya 8 personas en las instalaciones a la vez, si hay un grupo de
más cierra el local para ellos, con tal de preservar esa paz y tranquilidad que se respira.
A mí me tiene completamente seducida .... ¿Te dejarías seducir tú?




